Financiamiento Universitario: A raíz de Harvard

Jueves, 24 Marzo 2011 08:21 comments
Por Diego Gómez Zará Por Diego Gómez Zará

Grandes lecciones podemos sacar a raíz de la visita de Drew Faust, presidenta de la Universidad de Harvard, sobre las fuentes de financiamiento y acceso a la educación superior.

(...) Se destaca el gran avance que ha tenido la universidad en integración, en ampliar la diversidad de los estudiantes, y en la generación de oportunidades. Tal como señala Faust, ha sido su misión “asegurarnos de que los estudiantes talentosos lleguen a Harvard, independientemente de su situación económica”. Situación atingente a los problemas y debates que enfrentamos en nuestro país. (...)


Grandes lecciones podemos sacar a raíz de la visita de Drew Faust, presidenta de la Universidad de Harvard, sobre las fuentes de financiamiento y acceso a la educación superior.

El pasado domingo 20 de marzo salió una interesante entrevista realizada por el diario El Mercurio a la historiadora Drew Faust, quien es la primera mujer que ocupa el cargo de presidenta en la Universidad de Harvard, una de las casas de estudio más prestigiosas del mundo.

Se destaca el gran avance que ha tenido la universidad en integración, en ampliar la diversidad de los estudiantes, y en la generación de oportunidades. Tal como señala Faust, ha sido su misión “asegurarnos de que los estudiantes talentosos lleguen a Harvard, independientemente de su situación económica”. Situación atingente a los problemas y debates que enfrentamos en nuestro país.

¿Cuáles han sido las políticas que han tomado? Primero: “Gracias a un programa de ayuda financiera, nuestros alumnos -incluyendo los internacionales- ya no deben pedir préstamos para estudiar en Harvard. Aquellos cuyo ingreso familiar es menor a US$ 60 mil (unos 30 millones de pesos) al año no pagan, y a partir de ese piso les pedimos a las familias contribuciones que no superen el 10% de su ingreso anual, hasta los US$ 180 mil (90 millones de pesos). A partir de esta cifra pagan todo.”

Hemos visto como esta lógica no está lejos de ser realidad aquí en Chile. Observemos lo desarrollado por el Decano de Ingeniería, Juan Carlos De La Llera, y todo su equipo al crear el nuevo programa “Talento + Inclusión“. Y también vemos como la Facultad de Derecho, liderado por el Decano Roberto Guerrero, siguiendo ese espíritu creó la Beca de Excelencia Derecho UC. Estos beneficios dirigidos a alumnos que egresaron de colegios subvencionados y municipales.

No obstante, está claro que en términos de institucionalidad seguimos aún lejos. Muchas familias tienen que hacer grandes esfuerzos para que sus hijos puedan acceder a los estudios universitarios, y en Chile el porcentaje de financiamiento por parte de las familias es mundialmente de los más altos. Falta sin lugar a dudas mejorar la estructura financiera de nuestras universidades.

Podríamos trabajar para que así sea: generando nuevas becas para aquellos alumnos destacados cuya situación económica sea una barrera, o bien,mejorando los sistemas de crédito por parte del Estado para que los beneficiados puedan cursar sus estudios sin tener que saldar las diferencias o montos faltantes.

¿Cómo logramos eso? De ahí el segundo punto de esta entrevista, en donde Faust destaca que una gran parte del financiamiento proviene de donaciones de amigos y ex alumnos de la universidad, cito: ”Por eso es clave mantenernos estrechamente conectados con nuestros alumnos y ex alumnos. Quienes están agradecidos por haber recibido una generosa ayuda financiera o el apoyo de la universidad, luego se sentirán comprometidos y la apoyarán generosamente. Esto es parte de una cultura ampliamente extendida entre las universidades privadas de los EE.UU. y que nosotros instamos a otras universidades privadas a cultivar”

Esta cultura pareciera no estar presente en nuestro país. No existe este mecanismo y tampoco está claro el como hacerlo. Si bien muchos estudiantes terminan sus carreras – agradecidos por lo aprendido y vivido – no es una situación excepcional que muchas fundaciones de ex-alumnos al momento de llamar a aquellos que se formaron en aquellas aulas suelen hacer caso omiso, o peor aún, den una categórica respuesta: “Yo ya salí de la Universidad, pagué todo lo que debía pagar”.

Hablamos mucho sobre la necesidad de generar agentes de cambio, gente innovadora y que sean líderes en la sociedad, pero al estar afuera son pocos se acuerdan de donde se formaron y muchos los que no sienten ese llamado de ayuda hacia su alma mater - tanto por que no los conecta la misma institución, como hacer oídos sordos a esta invitación. Aquí es donde como comunidad universitaria deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es el aporte que debe hacer la sociedad a las universidades? No es tan sólo aportando con el capital humano – que es el ingreso de  nuevos alumnos – sino que debemos generar una cultura más definida en cuanto a la retribución a las universidades, tanto financiera y como culturalmente. Donaciones, alianzas estratégicas entre empresas-universidad, financiamiento del sector privado a investigaciones, fondosendowment, en fin. Mecanismos que van orientados a esa línea, en donde la generación universitaria siente el llamado y deseo de retribuir libremente lo aprendido a su casa de estudio.

No es difícil soñar. Podríamos mientras tanto seguir años, o incluso décadas, discutiendo formas de financiamiento. Y la discusión más reciente sólo encierra los porcentajes y modos en que el Estado debería financiar las universidades (sean éstas estatales o privadas). Pero esta claro que la discusión va más allá de eso. Si las universidades chilenas quieren seguir desarrollando nuevo conocimiento y progreso a la sociedad, es fundamental que ellas reciban la ayuda de ésta.

DIEGO GÓMEZ ZARÁ

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